#ESPECIAL ¿Los CLAP son realmente la visión de Hugo Chávez?


 


 


La consolidación de Mercal obedece lo anunciado por el expresidente de la República Hugo Chávez, en el marco del programa Aló Presidente, donde reiteró que la institución alcanzaría las políticas destinadas a la plena soberanía alimentaria.


Con el mismo objetivo y bajo la tutela de Petróleos de Venezuela, el 6 de enero de 2008 fue creada la Productora y Distribuidora Venezolana de Alimentos (Pdval), adelantándose a la producción de filiales en el área industrial y agrícola.


En palabras del anterior ministro de Energía y Petróleo, Rafael Ramírez, ambas instituciones tenían como estrategia garantizar el suministro de alimentos al pueblo venezolano, con la intención de que todos los ciudadanos dispusieran de éstos.


Para enero de 2013 Mercal llegaba al 58 % de la población venezolana y, a lo largo de ese año fueron atendidos 2,7 millones de usuarios con la distribución de 80.973 toneladas de alimentos. En un principio vendían todos los insumos de la cesta alimentaria. Incluso dentro de la Red Mercal Lara fue creado un frigorífico con una capacidad de 400 toneladas de alimentos y eran ofrecidos artículos de línea blanca a “precios solidarios”.


Posteriormente, en marzo de 2014, fecha en la que se agudizó la escasez de alimentos en el país. Se comenzó a notar, tanto en Mercal como Pdval, la ausencia de macros operativos y la disminución en la venta de productos pertenecientes a la cesta básica. En un principio, desaparecieron los productos proteicos de los anaqueles y, los pocos alimentos que ofrecían de la canasta básica los comenzaron a vender por número de cédula y en menores cantidades.


Sin embargo, el largo proceso de deterioro de las empresas no quedó ahí; a este se le suma una larga lista de corrupción dentro de la institución, en donde eran encontrados productos totalmente vencidos y acaparados por parte del personal.


En el 2016 comenzaron las protestas de usuarios que tenían la rutina de dirigirse semanalmente al establecimiento a adquirir los productos regulados y se encontraban con la sorpresa de que se había paralizado su venta. En el Diario EL IMPULSO hay registros de manifestaciones a lo largo de todo el estado Lara a causa del mismo hecho, desde residentes de El Tocuyo, Río Claro, hasta de Patarata. La razón, los únicos autorizados a comerciar los productos eran las Bases de Misiones y la Unidad Bolívar Chávez (UBCH) de cada comunidad.


El 3 de abril de 2016 fue creada una iniciativa que reformula la orientación de la Misión Alimentación: los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP). Como lo manifiesta el comité editorial de la institución (integrado por Nicolás Maduro Moros / Freddy Bernal / Vladimir Padrino López), su función no es exclusivamente repartir cajas y bolsas de comida, sino impulsar la organización social para el empoderamiento de la construcción del socialismo.


El comité considera que “solo con producción sociales, en manos de la sociedad organizada en La Comuna, podremos derrotar a la inconstitucional producción monopólica capitalista que lidera la especulación y la irregular distracción en la distribución”.


En la actualidad, en el estado Lara, la distribución de alimentos a través de Mercal y Pdval fue absorbido por los CLAP, a través de las 59 Bases de Misiones que se encuentran en 8 municipios a lo largo de toda la entidad. Es decir, su prioridad es atender quincenalmente a las personas que integran las estadísticas de pobreza y pobreza- extrema, dentro de las comunidades; cifra que se ubica en alrededor a 67.707 familias.


Igualmente, Mercal cumple con los programas sociales: comedores escolares, que le brinda atención de 1.281 escuelas en todo el estado; 65 casas de alimentación, donde hay 4.516 beneficiarios y un comedor del Instituto Nacional de Nutrición; según lo informó un trabajador de la institución, cuyo nombre no quiso revelar.


Así mismo aseguró que los establecimientos continúan abiertos y ofrecen cualquier producto regional no subsidiado, sin ningún número de cédula.


Ante eso, periodistas de EL IMPULSO decidieron realizar un recorrido por cada uno de estos establecimientos para constatar e indagar un poco más acerca de su funcionamiento.


En los supermercados Mercal más de 60 % de los anaqueles se encuentran vacíos. Los artículos a comercializar en su mayoría son: artículos de limpieza, toallas diarias femeninas, pasta de tomate, papelón y sardinas. Sin embargo, la mayoría de los usuarios acuden al Mercal para adquirir los panes que venden en las panaderías adscritas a estos establecimientos. Desde tempranas horas de la mañana los ciudadanos acuden a efectuar una cola que se puede extender a lo largo de seis horas y la venta de pan inicia a las 8:00 a.m y se dispersa al mediodía. Cada comprador puede adquirir dos panes estilo canilla por el monto de 600 bolívares.


“Para esto fue que quedaron los Mercales. Para nosotros era un auxilio ir cada semana a hacer la cola y conseguir productos regulados, ahora tenemos que esperar por unas supuestas bolsas de comida que nunca llegan. Este sitio pasó de vender proteínas y víveres a tan solo ofrecer pan. No siguieron con el ideal de nuestro presidente Chávez el cual era acabar con el hambre del pueblo porque destruyeron un sistema para incorporar otro, los fulanos CLAP, que nos está matando a todos lentamente”, expresó María Teresa Contreras mientras se encontraba en la cola para comprar pan, donde ya tenía más de dos horas.


La creación de los Pdval y Mercal, en el 2013 significaba una fuente de empleo para más de 5.845 empleados directos. Al pasear por los pasillos de estos locales, solo se observan cajeros desocupados porque casi nadie compra los pocos productos que ofrece el establecimiento, otro grupo conversando o utilizando el celular esperando que llegue su hora de salida porque simplemente no encuentran qué hacer y solo a unos pocos cae la responsabilidad que aún posee la empresa.


Lo mismo sucede en el abasto Bicentenario, lugar que años atrás recibía a cientos de trabajadores a diario y las cajas no daban abasto para que circularan rápido los clientes que no solo adquirían productos regulados sino cualquier artículo de la cesta alimentaria.


Sin embargo, se constató que Bicentenario tan solo ofrece un tipo de producto regulado cada día y en pocas cantidades. En el sitio ya a las 10:00 de la mañana ha salido el último comprador. Y el lugar que debería ofrecer productos nacionales y a buen precio, para que el pueblo venezolano pueda adquirir sus alimentos y se radicalice el hambre que han denunciado tanto el actual como el anterior presidente, éste comercializa artículos de otros países y a costo de dólar paralelo. Una kilo de pasta en Bicentenario cuesta 6.000 bolívares, un frasco de pasta de tomate está alrededor de los 4.000, y así consecutivamente.


Fue una situación que se trató de conversar con las autoridades directas a la distribución de comida. Como el diputado Luis Jonás Reyes, director de los CLAP en Lara y el coordinador del movimiento Antibachaqueo Carlos Roldán.


Lamentablemente el primer personaje nombrado no fue encontrado en su oficina y no respondió las llamadas telefónicas que efectuó el equipo reporteril y el otro de ellos comentó que no le daría declaraciones a los periodistas de EL IMPULSO porque no confiaba en su ética.


La concejal Milagros Gómez de Blavia comentó que el panorama perverso y macabro que se observa es producto del deterioro del plan del Gobierno que tenía para crear un hombre nuevo y “se les fue empichacando”.


Para ella, el Mercal se creó como una herramienta de propaganda política y fue el primer paso que el Gobierno dio para que el acceso al alimento fuese populacho. Blavia destacó que con las políticas de alimentación creadas por el Gobierno nacional se juega con el hambre de una nación y se ha logrado mediante una manipulación que puede ser desde un boicot en la producción nacional con la expropiación de empresas y la prioridad en la inclusión de los grupos sociales más marginadas en estos proyectos. Sea cual sea el tipo de manipulación, Blavia la catalogó de criminal.


“Esto no es producto de la improvisación, es el resultado de las políticas económicas erradas en donde buscaron penetrar a la sociedad a través del acceso de alimentos. Fue un mecanismo de propaganda política que está en contra de la producción nacional y el pequeño empresario. La restricción a los dólares y acceso a los insumos es muestra de esto”, expresó Blavia.


Agregó que la cultura del pueblo se ve en sus hábitos y costumbres. Que agricultores y empresarios fuesen antes los proveedores tanto de las grandes cadenas como de bodegas forma parte de una cada que no es caprichosa sino que responde a una lógica que fue interrumpida por un pensamiento de que el Estado lo puede todo y en día se ven las consecuencias de un modelo con una visión equivocada que es símbolo de dominio político.


“La comida es cultura y forma parte de una tradición y si lo restringen no solamente el ciudadano se verá obligado a consumir productos a los cuales no estaba habituado sino que imponen en su hábito de vida ir detrás de un dirigente que decidirá si tiene o no el derecho a una caja con alimentos regulados. Habitamos un Estado descentralizado que lo que quiere es que la gente haga cola y busque la mano extendida (…) El tema de la nutrición debería ser una prioridad en cualquier país porque es un derecho y es sinónimo de integridad física, por ende no debería estar restringido a unas simples bolsas de comida”.


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